Los últimos ocho meses he
intentado discutir conmigo misma sobre lo que quisiera escribir en este espacio.
Para mi buena o mala suerte mis respuestas terminan siendo una extensión de lo poco
que he descubierto últimamente: me siento una mezcla de necesidades,
banalidades, desesperaciones, preocupaciones y búsquedas de mi constante
necesidad de zafar de las experiencias ajenas y propias (sobre todo de las
ajenas que, muchas veces, terminan siendo mías gracias al tonto compromiso que
termino teniendo con los demás).
No lo voy a negar. La inseguridad
se ha apoderado innumerables veces de mi persona y ha hecho que continúe
dándome cabezazos contra una pared intentando responder esa pregunta que me
resulta tan difícil responder: ¿Sobre qué quiero escribir?
Pero para qué seguir discutiendo
contra una pared si termino totalmente inconciente y más confundida de lo
normal y anormal. Por lo que yo me
repregunto: ¿Realmente es tan importante saber con claridad qué es lo que
quieres escribir o es mejor tener la certeza de que quieres hacerlo y dejarte
llevar por los surcos de esta maravillosa forma de expresarse para ver en qué
posadero terminas?
Es así que decido rendirme y
dejarme llevar por lo que las yemas de mis dedos puedan disparar. Hoy al
publicar esto me reveló ante la cobardía que se resiste a dejarme, hoy le hago
frente y me rehúso a que una de las cosas que más detesto pertenezca a mi
personalidad.
Bien, mal, feo, bonito,
interesante, aburrido o como sea. Es una necesidad que tuve desde pequeña y que
perdí por mucho tiempo. Probablemente fue mi primer vicio y hoy tengo las ganas
y las fuerzas necesarias para retomarlo. No me voy a cuestionar y simplemente
voy a actuar, voy a escribir.
Lo haré y no mentiré al decir que
no me da pavor el juzgamiento o el cuestionamiento si es que alguna historia es
mía o ajena, si mi opinión es válida o no tiene pies ni cabeza, que la
redacción está hasta el perno y que debería d dedicar mi vida a otra profesión.
Probablemente, esas fueron una de las razones por las cuales dejé de hacerlo,
esas razones y muchas otras más fuertes. Pero el temor es el peor aliado para
progresar en esta vida.
“La principal sabiduría es el
entusiasmo” respondió Martín Adán en una entrevista en el último año de vida, por
lo que yo me aferro a esta respuesta que la siento mía también. Finalmente, no
hay edad en la que no se pueda aprender y a pesar que mi alma resulta ser un
poco antigua, mi espíritu no lo es.
Se supone esto es un post
introductorio con agregado de una pequeña explicación del nombre del blog. Por
lo que ahora el nombre tiene mucho más significado que antes (cuando solo
pensaba en escribir) ya que hoy, que escribo, tengo que decir con fiel
convicción que Siempre es hoy.
Porque hoy es cuando se vive, se
vivió o se vivirá. Hoy no tiene fecha, sólo espacio. Cada día es un presente
(en cada uno de sus significados) y lo que nos regala es digno de entender,
querer y cuidar. Bueno, malo, que nos empeore o mejore siempre estará ahí
porque alguna vez fue un hoy y sin eso no estaríamos donde estamos.
Eso intentaré aquí, hablar de
algún “hoy” sobre cualquier necesidad, banalidad, búsqueda o interés. Porque
siempre es hoy, quiero escribir. Porque quiero escribir siempre fue, es y será
hoy.
Así comienza....
Así es, de esta canción del maestro Cerati nació el nombre.
Muy buen blog, me gusta mucho!
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